TCA en adolescentes: cómo identificar y prevenir los trastornos de conducta alimentaria

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Los TCA en adolescentes son afecciones graves de salud mental que preocupan a miles de familias con hijos en nuestro país. Estos trastornos de conducta alimentaria conllevan anomalías en el comportamiento de la ingesta de alimentos, y reflejan situaciones como los vómitos encubiertos, la negativa a comer ciertos alimentos, las dietas prolongadas en el tiempo, pérdidas de peso excesivas, etc.

Estas enfermedades mentales no aparecen de la nada. Lejos de eso, los TCA en adolescentes suelen tener su origen en factores genéticos, biológicos, conductuales, psicológicos o sociales. Los más frecuentes son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y el trastorno por evitación o restricción, de los cuales te hablaremos más adelante en este artículo.

Cuando hablamos de trastornos de conducta alimentaria en adolescentes no queremos decir que estas enfermedades se den exclusivamente en los más jóvenes. Pueden ocurrir también en los primeros años de la adultez, aunque sin lugar a dudas la adolescencia es la etapa en la que más se manifiestan, siendo el grupo más vulnerable el de las chicas jóvenes.

 

Cuáles son los TCA en adolescentes más comunes

Como decíamos, existen diferentes trastornos alimentarios que pueden manifestarte tanto en jóvenes como en adultos, teniendo mayor prevalencia en los primeros. A continuación, vamos a detallar los cuatro tipos de TCA en adolescentes que acaban por ser más comunes.

 

Anorexia nerviosa

La anorexia nerviosa es, probablemente junto a la bulimia, el trastorno más conocido y visible, sobre todo entre chicas jóvenes. Conlleva un comportamiento obsesivo por estar delgado, hasta alcanzar el punto de negarse a comer y mostrar un absoluto temor a ganar peso. Se trata de una alteración mental de la manera en la que la persona percibe su propia constitución, viéndose siempre obesa o pensando que algunas partes de su cuerpo necesitan perder grasa, cuando no es así.

En su obsesión por bajar cada vez más de peso, las personas afectadas por anorexia pueden llegar a disminuir un 85 % el peso recomendado para su edad o talla, con un importante impacto en su salud y apariencia física. Para ello no se conforman con no comer, sino que en muchos casos recurren además a la toma de medicamentos laxantes o diuréticos, cuyo abuso puede terminar conllevando riesgos añadidos.

De hecho, la anorexia suele derivar a menudo en otras enfermedades y complicaciones asociadas. Algunos ejemplos serían la alteración de las funciones renales y la aparición de ciertos trastornos cardiovasculares. También son habituales la anemia, el aumento en la secreción de cortisol y la disminución en la de estrógenos, etc.

La anorexia en adolescentes, así como en adultos jóvenes, puede venir provocada por múltiples causas. Las influencias culturales y sociales, así como las circunstancias familiares y personales, e incluso ciertos factores biológicos, tienen mucho que decir en el desarrollo de esta enfermedad.

 

Bulimia nerviosa

Como decíamos, la bulimia es junto a la anorexia uno de los TCA en adolescentes más tristemente sufridos tanto por los propios jóvenes como por sus familias. A diferencia de la anterior, las personas que padecen bulimia nerviosa suelen mantener un peso normal, por lo que la enfermedad no se refleja a primera vista en su aspecto físico.

La bulimia conlleva atracones de comida, a menudo a escondidas, que posteriormente se intentan equilibrar mediante ayunas, purgas por vómitos y/o el uso de laxantes y diuréticos, así como con la realización de ejercicio físico en exceso.

El mantenimiento de un peso normal, e incluso de un cierto sobrepeso, así como la ocultación de los atracones de comida y de las purgas posteriores, dificulta que la bulimia se detecte en sus inicios, siendo más común que se haga evidente tras varios años de evolución.

Esta enfermedad mental genera en quien la sufre episodios cíclicos de restricciones, atracones y purgas. Preocupada por mantener su peso, la persona restringe sus ingestas. Esta restricción termina provocando un atracón. Y el atracón genera un sentimiento de culpa que trata de compensarse mediante la purga. Estos episodios suelen darse una o dos veces a la semana, y una vez instituidos resultan muy difíciles de combatir.

La persistencia de la bulimia puede derivar en complicaciones graves que llegan a amenazar seriamente la salud y la vida de las personas que la sufren. Los problemas de autoestima que genera esta enfermedad mental suelen afectar a las relaciones sociales, llevar al abuso de alcohol y drogas e incluso a la aparición de autolesiones y pensamientos suicidas. Además, son habituales las insuficiencias renales, los problemas de corazón y la aparición de diversos trastornos digestivos.

Al igual que ocurre con la anorexia, las causas de la bulimia son multifactoriales. La genética, los aspectos biológicos y la salud emocional de la persona, sus expectativas sociales y ciertas circunstancias familiares pueden contribuir al desarrollo de esta enfermedad mental.

 

Trastorno por atracón

Aunque comparte con la bulimia los episodios de exceso a la hora de comer, las personas que sufren el denominado trastorno por atracón no desarrollan una fase compensatoria. Esto quiere decir que no acuden a purgas, al uso de medicamentos o laxantes, ni al ejercicio físico como forma de combatir las ingestas descontroladas.

El trastorno por atracón provoca que quien lo sufre consuma grandes cantidades de alimentos en un corto periodo de tiempo. Al no poner en práctica mecanismos de purga, estas personas suelen ganar mucho peso y se avergüenzan de su propio comportamiento y de su aspecto físico, intentando hacer dieta sin éxito.

Los adolescentes que sufren trastorno por atracón suelen comer más deprisa de lo normal, siempre que pueden a escondidas, y en muchas ocasiones incluso aunque no sientan hambre. Junto a una vida sedentaria y a la ya mencionada ausencia de purgas, esta enfermedad termina provocando sobrepeso y obesidad a edades muy tempranas.

Además de las repercusiones físicas, este trastorno alimentario tiene un importante impacto en el componente emocional de los adolescentes, lo que puede derivar en múltiples complicaciones.

 

Trastorno por evitación o restricción

El trastorno por evitación o restricción se produce cuando la persona pierde el interés por la comida debido a ciertas percepciones sensoriales, o por ciertos miedos causados por la acción de comer. En otras palabras, quienes lo sufren no comen principalmente porque no les gusta el olor, el sabor, el color o la textura de la comida.

A diferencia de los anteriores, este trastorno suele comenzar durante la etapa infantil, con niños que se muestran especialmente quisquillosos a la hora de comer en general (no exclusivamente ante ciertos alimentos), o que expresan de una u otra manera que no les gusta la sensación que les provoca la comida en la boca.

Esta situación de evitación o restricción a la hora de alimentarse provoca importantes pérdidas de peso, y en el caso de las edades más tempranas limita el crecimiento de los jóvenes. También suele traer aparejada la aparición de deficiencias nutricionales severas, lo que termina por requerir complementos que no serían necesarios si la alimentación fuera normal.

A diferencia de otros TCA, las personas que padecen el trastorno por evitación o restricción no están preocupadas por mantener su peso o figura, por lo que no desarrollan ningún tipo de medida compensatoria como las que se dan con la bulimia o la anorexia. Muy al contrario, estas personas pueden llegar a sentir verdadero temor ante episodios de vómitos.

             

Qué señales alertan de la aparición de trastornos de conducta alimentaria

Como hemos comentado, los trastornos de conducta alimentaria pueden tener múltiples causas y cada una de ellas manifestarse a través de señales diferentes. No siempre es fácil detectar a tiempo un TCA en adolescentes, debido a la ocultación que muchos jóvenes hacen de estos comportamientos.

Por eso, si sospechamos que algo raro está ocurriendo lo primero que debemos hacer es prestar especial atención y buscar si se cumplen algunas de estas señales de alerta en el joven:

  • Comienza a cambiar sus hábitos alimenticios.
  • Se salta alguna comida durante el día de forma reiterada.
  • Aumenta la práctica del ejercicio físico.
  • Evita los alimentos que le gustan mucho por tener exceso de calorías.
  • Se muestra reticente a comer con la familia.
  • Oculta comida o come a escondidas.
  • Discute a menudo sobre su peso.
  • Vomita cuando cree que no lo vemos.
  • Desaparecen grandes cantidades de comida.
  • Se muestra más irritable y con cambios de humor.
  • En el caso de las chicas, comienzan a tener menstruaciones irregulares o ausentes.
  • Se encierra en el baño después de cada comida.
  • Intenta esconder y disimular los cambios corporales con ropa ancha.
  • Muestra una insatisfacción corporal constante.
  • Tiene un comportamiento depresivo.
  • Muestra dificultad a la hora de concentrarse.
  • Detectamos una tendencia al aislamiento y disminuyen sus relaciones sociales.

 

Qué riesgos para suponen los TCA en adolescentes

Los trastornos de conducta alimentaria van más allá de una enfermedad mental preocupante, y pueden llegar a causar daños en el corazón, el aparato digestivo, los huesos, los dientes y la boca, además de derivar en otro tipo de enfermedades como la diabetes o la osteoporosis.

Estos trastornos afectan tanto a la salud como a las emociones, generando situaciones de baja autoestima que derivan en episodios de ansiedad, tristeza y depresión. Los jóvenes que experimentan TCA encuentran importantes dificultades para afrontar sus emociones, lo que se agrava ante acontecimientos estresantes que pueden estar relacionados con los estudios, la convivencia familiar, las relaciones con su grupo de iguales, etc.

Antes o después, estas enfermedades suelen causar en el adolescente un acuciante sentimiento de soledad y de incomprensión, así como una pérdida de control y en general una sensación de impotencia que no saben cómo enfrentar. Todo ello termina por reflejarse invariablemente tanto en casa como en la escuela o el instituto.

Por otro lado, y en el caso particular del trastorno por restricción, diversos estudios indican que los jóvenes que lo padecen tienen más probabilidades de sufrir trastorno del espectro autista o por déficit de atención con hiperactividad.

 

Cómo influyen las redes sociales en los TCA en adolescentes

El culto al cuerpo se ha convertido en una obsesión para muchos jóvenes de nuestros días, que para cumplir con el patrón estético difundido por los medios de comunicación y las redes sociales llegan a adoptar hábitos y conductas de riesgo para su salud.

Durante años la industria de la moda ha ejercido una influencia muy negativa en nuestros jóvenes, especialmente en las mujeres, señalando como prototipo de belleza cuerpos supuestamente perfectos que distan mucho de serlo en realidad. A estos cánones se han sumado durante años, y todavía lo continúan haciendo, Internet y las redes sociales, normalizando el uso de filtros y retoques que aumentan la presión sociocultural sobre un estereotipo de belleza irreal.

Todo ello ha contribuido a que, mientras el ideal de belleza de los hombres tiende al cuerpo musculoso de la publicidad, el de las mujeres se represente con una delgadez extrema. La constante exposición a esas imágenes en redes sociales por parte de los adolescentes genera no sólo un deterioro de su autoestima, sino también el impulso de modificar su imagen personal para adaptarse a los cánones.

La consecuencia de este descontento con su propio cuerpo es lo que lleva a los jóvenes a las dietas milagro y extremas, a una situación de frustración constante y, a la postre en ciertos casos, a importantes desórdenes alimentarios y a los trastornos mencionados anteriormente.

Por todo ello, desde Adinfa recomendamos estar alerta ante la apología que se hace de la anorexia y la bulimia en Internet. Multitud de sitios web, foros, chats, blogs, grupos en redes sociales… contienen incluso trucos para ocultar la enfermedad, “competiciones” para ver quién adelgaza más, retos que fomentan la extrema delgadez, etc.

 

Cómo actuar ante los trastornos de conducta alimentaria

Como en otros muchos aspectos relacionados con las enfermedades mentales, la prevención resulta fundamental y el papel de la familia es importantísimo, especialmente ante los riesgos potenciales de Internet que acabamos de señalar.

Desde Adinfa realizamos una importante labor para concienciar a padres y madres sobre los peligros a los que se exponen sus hijos y el riesgo que corren. En este sentido les aconsejamos lo siguiente:

  • Explicar los riesgos que existen en Internet, debido a información falsa y/o peligrosa.
  • Transmitir confianza en sí mismo a sus hijos para mejorar su autoestima.
  • Educar en valores personales por encima de la apariencia física.
  • Ayudar a que adquieran hábitos alimenticios sanos.
  • Combatir con información veraz los mensajes publicitarios sobre dietas milagro.
  • Consultar al médico, endocrino o nutricionista cuando se quiera perder peso.
  • Controlar el acceso a las redes sociales, teniendo en cuenta que la edad mínima son 14 años.
  • Utilizar sistemas de protección para evitar el acceso a páginas no apropiadas para menores.
  • Ubicar el ordenador en un lugar común para controlar el tiempo que pasan conectados.
  • Consultar el historial del navegador para conocer a qué páginas se han conectado.

 

Este tipo de medidas, incluso las más restrictivas, son necesarias en ciertas etapas vitales de nuestros hijos. No en vano, desde Adinfa siempre resaltamos la importancia de establecer límites y normas como forma de educar y querer.

Enfrentarnos a los TCA en adolescentes no es tarea fácil para ningún progenitor. De ahí que, en aquellas situaciones en las que se detecte una importante falta de autoestima acompañada de otras señales mencionadas anteriormente, nuestra recomendación sea siempre la de acudir más pronto que tarde a un profesional de la psicología. No se debe olvidar que muchos de estos trastornos vienen provocados por un problema de salud mental.

Además, hay que tener en cuenta que ciertos indicadores de riesgo que presentan los jóvenes con problemas de conducta suelen ocultar, en ocasiones, los trastornos de alimentación, especialmente en el caso de las chicas. Por ello se hace aún más necesario si cabe el contacto con un psicólogo especializado en adolescentes, puesto que estos profesionales están capacitados para diagnosticar estas situaciones.

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