En Adinfa llevamos muchos años atendiendo a adolescentes conflictivos y a sus familias en situaciones de todo tipo. En la mayoría de las ocasiones se trata de casos leves o moderados, aunque los graves desgraciadamente son cada vez más comunes. Dependencia excesiva a las nuevas tecnologías, adicciones al alcohol u otras sustancias, violencia filioparental… son escenarios tristemente comunes para muchos padres y madres, que ven crecer el problema en casa, pero no encuentran la forma de solucionarlo.

Los diferentes programas y tratamientos que ponemos en marcha desde Adinfa, gracias a nuestro equipo de médicos, psicólogos y educadores, llevan años ayudando a estas familias a salir de una situación en muchos casos desesperada. Uno de los principales problemas ante los que nos encontramos es la falta de visibilidad de esta realidad. Una realidad creciente en los últimos años, pero ante la que, sin embargo, muchos padres y madres no saben cómo actuar ni qué mecanismos tienen a su alcance.

Por este motivo queremos ayudar a visibilizar este problema y, lo más importante, las soluciones que existen a tu alcance. Y nos parece que la mejor manera de hacerlo es la de darte a conocer los testimonios de padres y madres que en su día se encontraron ante un callejón que parecía sin salida, pero que tras acudir a Adinfa han visto un cambio radical en su día a día.

 

Testimonios reales manteniendo el anonimato

Hoy queremos estrenar esta sección desde la que esperamos traerte cada vez más testimonios reales. Lo haremos respetando por completo el anonimato de todos aquellos padres y madres que nos lo pidan, ya que entendemos que lo importante está en la experiencia que quieren compartir, y no en su identidad. Nuestro objetivo es ayudar a identificar conductas, situaciones, comportamientos… que quizás ya te resultan familiares en tu hijo o hija, y ante los que debes actuar.

El testimonio que te traemos hoy y con el que abrimos este apartado es el de una madre sometida a la violencia ejercida por su hija menor de edad. Esta confesión íntima y desgarradora nos muestra una situación antinatural que sufren muchas familias en silencio, una realidad cada vez más frecuente en nuestra sociedad.

En este caso hablamos de una mujer trabajadora, separada desde hace más de once años y con dos hijas, pero son muchos los padres que soportan en soledad la agresividad y el comportamiento conflictivo de sus hijos. Incluso, como confiesa esta madre, ocultándoselo al otro progenitor y al resto de la familia por miedo, por no querer ver la realidad. Y es que, como ella misma cuenta, “sentía que no podía ayudarla porque había perdido toda mi autoridad sobre ella. Me encontraba desamparada. Sentía angustia por querer ayudarla y no saber cómo”.

 

Cuéntanos cómo empezó todo. ¿Cuáles fueron los primeros indicios de que algo no iba bien?

Todo empezó cuando mi hija tenía 12 años. A partir de esa edad percibo que algo no funciona bien. Que su comportamiento está cambiando.

Comienza a mostrar desinterés por colaborar en las tareas domésticas, a dormir fuera de casa, a salir con mucha frecuencia para reunirse con sus amigos, a grabarse continuamente. Sobre todo, notaba la falta de comunicación. 

Es a partir de ese momento, cuando empieza a perderme el respeto y aparecen los gritos, las amenazas, los portazos… el aislamiento. Le sigue el consumo de sustancias tóxicas. En definitiva, el desorden total.

 

¿Cómo actuaste ante esta situación? ¿Qué ayuda buscaste?

Tras un tiempo logré afrontar los hechos y reconocer el problema para buscar ayuda. Tras acudir a varios psicólogos, educadores sociales y responsables de escuelas de verano, y tras mucho buscar y preguntar, conocí a Adinfa: el eslabón perfecto para los jóvenes que no están en situación de ingresar en un centro de menores ni para que tenga que intervenir asuntos sociales.

Mi hija no había cometido ningún delito como para acudir a la Fiscalía ni dirigirme a los Servicios Sociales. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los adolescentes que muestran este tipo de comportamiento se encuentran en esta misma situación.

 

¿Qué ha hecho Adinfa por tu hija?

El paso de mi hija por la Clínica Adinfa ha servido para ordenarla y reconducirla, además de para estimularla académica y personalmente.

Gracias a las gestiones realizadas por el equipo de Adinfa he podido financiar el tratamiento a través del seguro escolar. He sido muy afortunada de poder contar con este recurso. Sin embargo, hay muchos padres sin medios, cuyos hijos han sido expulsados del centro escolar y que, por tanto, no pueden acogerse a esta ayuda. De ahí, la necesidad de que se subvencione con fondos públicos el tratamiento de estos jóvenes con trastorno de conducta.

 

¿Cómo te sientes ahora? ¿Cómo ha cambiado la situación familiar?

Es notorio que mi hija ha evolucionado y ha mejorado mucho su comportamiento. Me siento orgullosa de ella, de su evolución. Tanto el padre como yo trabajamos con ella, conjuntamente, para que la operación de retorno familiar sea todo un éxito.

Ahora oteo el futuro con optimismo, mis expectativas con ella están más claras. Espero que desde ahora sepa ver dónde está el límite, la línea roja que nunca debe cruzar, y que tenga responsabilidad, autocontrol y humildad.

Y todo esto gracias a Adinfa.

 

Queremos agradecer a esta madre su valentía y disposición para contar su experiencia, que esperamos pueda ser de ayuda para otras madres y padres que se encuentren en una situación similar, o que empiecen a ver indicios de que algo no va bien en la relación con sus hijos.

Desde aquí puedes consultar otros testiomonios reales en Adinfa. También puedes conocer mejor nuestra labor desde aquí.